Carta/Petición

Date
Estado
Transcrito
Folio381 - 391
From (Remitente)Francisco Xavier de Balmis
PlaceMadrid
SummaryBalmis re-negocia los términos de la expedición y propone la incorporación de otros miembros
To (Destinatario)José Antonio Caballero - Ministro del Despacho de Gracia y Justicia de España e Indias

[381]

Excelentísimo Señor

Por oficio del pasado quedo enterado de las honras que me ha dispensado Su Majestad nombrándome Director de la gloriosa expedición que debe salir de el puesto de la Coruña, para conducir y propagar en todos sus dominios de ambas Américas, y en la Islas Filipinas el precioso descubrimiento de la vacuna; y como Vuestra Excelencia sea el autor de tan generosa empresa, y el que me ha proporcionado esta satisfacción, faltándome palabras para tributarle las debidas gracias, solo me queda el recurso de unir mis votos con los de toda [381v] la América para pedir al todo poderoso, la conservación de tan benéfico Rey, y de su sabio ministro, y suplicarle me dé fuerzas y acierto para llevar a su debido complemento los justos deseos de Su Majestad y de Vuestra Excelencia para lo cual no perdonaré fatiga alguna, y estoy desde ahora pronto a emprender la marcha.

Pero me ha de permitir Vuestra Excelencia exponga a su alta comprehensión algunas reflexiones sobre varios puntos de la expedición; por que siendo Vuestra Excelencia tan amante de la verdad, y justicia no permitirá, que por una mala inteligencia, y equivocadas ideas de la Junta de Cirujanos, queden tan perjudicados los empleados de esta expedición [382] tan penosa en la asignación de sueldos que se les ha hecho. No es ambición ni amor al el interés, Señor Excelentísimo, lo que me obliga a representar a Vuestra Excelencia lo insuficiente de el suelo que se ha asignado a cada uno respectivamente, sino efecto del conocimiento, y larga experiencia que tengo de aquellos países, y lo costosísimo que es el poderse mantener con una mediana decencia, aún estando avecindado en un país, cuanto menos teniendo que estar en continuas y penosas marchas, en que la escasez, y las distancias, obligan a gastos tan extra ordinarios, que sin una exacta economía no los puede sufragar triplicados [382v] sueldos.

Me dice Vuestra Excelencia en el oficio que como el Director gozo de dos mil pesos a el año y los ayudantes de mil (supongo serán fuertes a estilo de América) añadiendo que seremos transportados en España y en Indias de cuenta de la Real Hacienda y mantenidos en las navegaciones; pero no especifica si la manutención se nos continúa también en tierra; por que no siendo así es imposible pueda mantenerse ningún individuo de su cuenta con los sueldos asignados, y que carezcan precisamente de medios para atender a otros precisos gastos que se han de ofrecer por más equipados que salgan de [383] España, de manera Señor Excelentísimo que llegaría día que no reinase entre los individuos de una expedición tan brillante más que escasez y miseria y el descontento que acompaña en estas circunstancias.

Mas como nuestra manutención por cuenta de la Real Hacienda, por tierra, haya de ser precisamente muy gravosa, así por los desperdicios que han de resultar, como por el abuso que suele hacerse, cuando se vive a expensas de otro: agregar a esto la carencia de algunas cosas de primera necesidad y entre ellas el vino que por una botella de muy malo y común, he llegado a pagar a veces hasta tres pesos fuertes, de modo que si tanto en este renglón [383v] como en otros de no menos importancia, se cometiera el menor abuso, que yo no podría evitar, resultarían unos costos crecidísimos al Rey, y tal vez no se lograría contentarlos. En este concepto soy de parecer, que para cortar todos estos inconvenientes y evitar abusos, aún de aquellos comisionados subalternos de la Real Hacienda que tendrían que intervenir en ello, y quejas de parte de los individuos de la expedición, si hubiere descuido en su asistencia, que Su Merced nos dé doble sueldo a el que senos ha asignado, y que sea de nuestra cuenta la manutención en tierra, quedando los demás puntos en su mismo valor y fuerza que está [384] acordado, es decir, regresados a España después de haber desempeñado cada uno sus deberes debemos quedar gozando, interín Su Majestad nos concede otra colocación correspondiente a nuestro celo y desempeño, a razón de veinte mil reales a el año el Director, y de diez mil los ayudantes.

Y, en atención a que Su Merced me dé facultades para proponer los enfermeros y sus dotaciones, propongo a Vuestra Excelencia tres sujetos, cuya disposición y bellas cualidades me constan, y son los más a propósito para su penoso cargo. Don Basilio Bolaños, Don Ángel Crespo y Don Pedro Ortega, cuya dotación, siendo de su cuenta la manutención en tierra, será de ochocientos pesos fuertes [384v] a el año, quedándoles a su regreso a España, y hasta que Su Majestad los destine conforme a los méritos que hayan contraído, trescientos pesos fuertes a el año, y para que puedan habilitarse ahora, se les puede conceder cincuenta doblones por una vez. En apoyo de que mis proposiciones no son exorbitantes, y que mis reflexiones son verificas, y que sin duda alguna se tuvieron presentes por el antecesor de Vuestra Excelencia el Marqués de la Sonora al tiempo de formar una expedición botánica al Virreinato de México, que aún dura, hay la prueba que a su Director le asignó cuatro mil pesos fuertes a el año cuando saliese a herborizar, y a razón de dos mil, cuando [385] estuviese descansando en poblado, y a proporción los demás individuos, lo que sin duda hizo Su Excelencia por que pisó aquellos países ¿pues qué comparación tiene la abundancia y riqueza del Reino de México con los desiertos ásperos y dilatadísimos caminos y miserables provincias por donde hemos de transitar? y la utilidad de nuestra expedición, no puede de ningún modo compararse con la de la botánica, ni menos los crecidos gastos que esta ha ocasionado a el Real Erario con muy poco fruto de el estado y de la ciencia.

La manutención de los niños que deben acompañar la expedición por tierra, es la que puede correr por cuenta de la Real Hacienda, aunque sería [385v] mejor que en las marchas se le abonare un tanto, a juicio de los Virreyes, y que fuese del cargo de los enfermeros el procurarles, y disponerles de subsistencia, celando el Director y ayudantes de su buen desempeño en esta parte.

En cuanto al destino de los niños españoles a su arribo a América y concluidas sus vacunaciones, me parece más preferible regresarlos a España en el primer buque que se presente de la Real Armada, y podrán ser más felices si la piedad del Rey les señala cinco o seis reales diarios hasta que lleguen a ser aptos para ser empleados, que no el dejarlos en América al cuidado de los Virreyes para que les facilite su educación y [386] mantenimiento a expensas de Su Majestad porque además de costarle cuatro veces más no lograrían jamás buena educación, en unos países tan abundantes de vicios y en donde la incauta juventud se pierde con mucha facilidad, de cualquier modo Vuestra Excelencia con sus superiores luces, resolverá lo que le parezca mejor.

Como no tengo el menor conocimiento de los tres sujetos elegidos para ayudantes míos, ignoro sus propiedades y aptitud, y celo para el desempeño delas obligaciones que precisamente han de recaer sobre ellos algún día; y aunque puedo prometerme que su aplicación pueda facilitarles a mi lado los grandes conocimientos [386v] que se requieren para poderse dirigirse por sí solos, cuando llegue la ocasión de separarnos, con todo me es indispensable decir a Vuestra Excelencia que es preciso el aumento de otro ayudante y de dos practicantes, pues debiendo dividirnos en cuatro expediciones, no puede menos que ir un ayudante con su practicante desde México a Filipinas. Otro ayudante y practicante al Virreinato de Buenos Ayres, un ayudante solo al Reino de Chile, y a mi lado otro ayudante para todo el Reino del Perú y demás puntos adonde me llame la necesidad.

Por este motivo propongo a Vuestra Excelencia para ayudante [387] a Don Antonio Gutiérrez y Robredo, que sirvió de Médico de Número en el ejército de Extremadura, fue cinco años colegial de San Carlos, y además de sus sobresalientes luces en cirugía y medicina, tiene la ventaja de haberse dedicado a mi lado a la práctica de la vacuna; y para practicantes a Don Francisco Pastor y Balmis, muy instruido en la vacunación por haberla constantemente practicado a mi lado; y a Don Rafael Lozano y Pérez cirujano aprobado, que también se ha dedicado a esta nueva inoculación, de manera Señor Excelentísimo que estos tres sujetos contribuirán infinito al buen desempeño de tan [387v] ardua empresa, y por lo mismo los juzgo muy acreedores, a que el ayudante Gutiérrez disfrute igual goce que los demás, y que a los dos practicantes, se les asigne el sueldo de mil pesos fuertes a el año mientras dure la expedición, y después de concluida a razón de cuatrocientos pesos fuertes, interín que la piedad del Rey les conceda otro destino, según el celo aplicación y trabajo con que se hayan distinguido en la expedición, cuya aprobación espero de Vuestra Excelencia.

Acompaño un suplemento al derrotero que presenté a Vuestra Excelencia y he juzgado indispensable alterar en parte, con el fin de llevar la vacuna [388] con la mayor brevedad a Santa Fe, por que hubiendo salido Verges de España sin el auxilio de los niños, no puede haber obtenido por otro medio el fluido vacuno fresco, y sería inútil su permanencia en aquella capital, bien que antes procurare informarme si ha salido verídico mi juico; pero de cualquier modo que sea, no me decidiré a dar un paso sin la aprobación de los Virreyes.

Va adjunto una lista de los utensilios que deben aprontarse antes de nuestra salida; y otra de los remedios que deberá contener el botiquín, que se ha de llevar en la expedición, para que Vuestra Excelencia se sirva mandarlo aprontar [388v] en la Real Botica si fuere de su superior agrado.

Hallando más ventajoso, el que se saquen de la Casa de Expósitos de Santiago los veinte niños que han de embarcarse, se hace preciso anticipe Vuestra Excelencia al Director de aquel establecimiento la orden para que los escoja, previniéndole que sean de edad de ocho a diez años, y que averigüe con escrupulosidad, que nos asegure, de que aún no han padecido las viruelas naturales, ni las inoculadas y tampoco que no han sido vacunados; por que todos estos sin inútiles, y que les disponga su vestuario, añadiendo que debo pasar allí para llevármelos a la Coruña, después [389] de haberlos examinado, y reconocido.

Para asegurarnos en la buena calidad de la vacuna que hemos de llevar, se hace indispensable la saquemos de aquí, de alguno de los muchos niños que continuamente tengo a mi cuidado, y así es preciso se saquen de la Casa de los Desamparados de esta corte cinco niños de las cualidades dichas, para irlos vacunando hasta la Coruña, desde donde podrán regresar otra vez luego que hayan hecho el buen servicio, por lo que se dignará Vuestra Excelencia pasar las órdenes correspondientes para que se me franqueen los cinco referidos niños que he de reconocer antes, y que [389v] estén prontos para incorporarse al tiempo de nuestra salida.

Incluyo además una nota de los gastos que se ofrecen de cuenta de la Real Hacienda para habilitar la expedición sobre lo que dispondrá Vuestra Excelencia lo que tenga por más conveniente.

El cargo de Director me ocasionará una correspondencia con todos los pueblos, justicias, y facultativos, que la mayor parte de mi sueldo, emplearía en portes de cartas, si tuviese que pagarlos; por tanto ruego a Vuestra Excelencia se tenga presente esto, al tiempo de comunicar las órdenes a los Virreyes y gobernadores, para que manden se entregue [390] franca la correspondencia perteneciente ala expedición de la vacuna, y que su importe lo incluyan con los demás gastos que se ofrezcan.

Para más recomendar la expedición, conviene mucho la decencia de sus individuos y para obtenerla con menos coste no hay cosa mejor que el uniforme; y respecto, de que estos ayudantes deben considerarse como si fueran de los hospitales de el ejército, y de que de los cuatro hay dos que ya lo usan, pueden también concedérseles a los otros dos si a Vuestra Excelencia le pareciere bien; pero costeándoselos ellos mismos: y los enfermeros podrán vestir el uniforme [390v] que usan los porteros del Real Jardín Botánico y del Gabinete de Historia Natural.

En prueba de que así las dos advertencias que hace la Junta de Cirujanos, como otras muchas que olvida, las tengo previstas y meditadas para asegurarme de el feliz éxito de la empresa, hay mandados hacer termómetros y barómetros, para diariamente hacer observaciones meteorológicas, y que las puedan continuar practicando los ayudantes cuando nos separemos a distintos rumbos, a cuyo fin les entregaré antes a cada uno un ejemplar de cada instrumento, y un competente [391] número de cristales cuadrados para colocar el fluido vacuno, a cuyo fin de mandado prevenir dos mil pares; y además he buscado una máquina neumática, para encerrar los cristales, conservándolos en un continuo vacío, y preservándolos mejor de la acción del aire, que es el que con más particularidad lo hace degenerar; por cuyos instrumentos físicos, pretende Don Heledonio Rostriaga maquinista del Gabinete de Máquinas de San Isidro, cinco mil seiscientos y ochenta reales que con la aprobación de Vuestra Excelencia coloco en la lista de los gastos que se hacen aquí; debiendo esperarse que [391v] con estos medios y los conocimientos físicos y químicos que poseemos, se podrá ilustrar la práctica de la vacuna, y conocer con facilidad los muchos fenómenos que se nos presentan para la ilustración pública, y para merecer el aprecio de todas las naciones cultas de Europa, y para que el fruto de esta expedición gloriosa sea muy sazonado y dulce al mejor de los monarcas, y a su celoso ministro cuya vida pido a Nuestro Señor conserve dilatados años para bien de el estado. En Madrid 2 de julio de 1803.

Excelentísimo Señor

Beso las manos de Vuestra Excelencia

Francisco Xavier de Balmis [con rúbrica]

Excelentísimo Señor Don José Antonio Caballero